John Cage. El tiempo como filosofía y forma de insumisión
La utopía de sostener casi-nada durante más de seis siglos.
¿Tienes algún plan para el 4 de septiembre de 2640?
En una era marcada por la velocidad, la sobrecarga sensorial y la urgencia constante, la obra Organ²/ASLSP (As Slow as Possible) de John Milton Cage emerge como una anomalía radical. Es un artefacto disonante que irrumpe en nuestra percepción del tiempo.
Esta pieza musical, alojada en la iglesia de San Burchardi en Halberstadt, Alemania, no solo desafía las convenciones de la música, sino también la noción misma de lo que consideramos “duración”.
Su singularidad se resume en una cifra: ¿cuánto dura? 639 años.
As Slow as Possible es una composición de vanguardia para teclado de John Cage, escrita a mediados de la década de 1980. La obra consta de ocho páginas de música destinadas a ser ejecutadas en piano u órgano. Como indica su título, la instrucción es interpretarla "tan lentamente como sea posible".
¿Pero quién rayos es John Cage?
John Cage fue un arquitecto sonoro, un filósofo musical radical y una figura central en la vanguardia artística mundial. Su obra subvierte fundamentalmente todo lo que tradicionalmente entendemos por música, redefiniendo los límites entre el arte, el sonido y la experiencia cotidiana.
Es universalmente célebre por su pieza seminal, 4’33” (compuesta en 1952), la cual representa un hito en la historia de la música experimental. En esta obra, el intérprete (sea un pianista, una orquesta o cualquier instrumentista) se sienta ante su instrumento y, durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, no toca ni una sola nota. El silencio, o más precisamente, el conjunto de sonidos ambientales, ruidos incidentales y la respiración de la audiencia y del intérprete, se convierte intencionalmente en la composición musical. Cage, influenciado por el zen y el pensamiento oriental, buscaba liberar a la audiencia de la intención del compositor, dirigiendo su atención hacia una escucha más radical y democrática del mundo sonoro circundante.
La revolución de Cage se extendió mucho más allá del silencio. Incorporó sistemáticamente el azar, la indeterminación, el ruido y el vacío como partes integrales de su proceso creativo y de sus resultados. Desarrolló técnicas como la utilización de los hexagramas del I Ching (el oráculo chino) para tomar decisiones compositivas, o el “piano preparado,” donde objetos cotidianos (tornillos, gomas de borrar, tuercas) se insertan entre las cuerdas del piano para transformar radicalmente su timbre, convirtiéndolo en un conjunto de percusión exótico.
Su filosofía se alejó del virtuosismo y la expresión emocional romántica tradicional, buscando una música que fuera una “afirmación de la vida, no un intento de imponer orden al caos,” reflejando la complejidad y la imprevisibilidad del universo. Cage fue un provocador tranquilo, un místico sonoro y un excéntrico esencial del arte contemporáneo, que nos recuerda, sin estridencias ni dogmas, la profunda necesidad de renunciar al deseo de controlarlo todo, abriéndonos a la belleza no intencionada del sonido.
Mira «Water Walk», interpretada por John Cage en el programa “I’ve got a secret”, en 1960. En este video, John Cage desmonta, en pocos minutos, toda idea tradicional que tenemos sobre la música. Frente a una audiencia que no sabe si reír, aplaudir o simplemente rendirse, este momento se convierte en uno de los más gloriosos y desconcertantes en la historia del arte sonoro.
En una era dominada por la aceleración, el scroll constante y el bombardeo de notificaciones y contenido trivial, As Slow as Possible se desenvuelve con la lentitud de un glaciar. Cada cambio de acorde representa un acto de resistencia frente a la lógica de lo inmediato, renunciando a la urgencia y al clímax.
Este proyecto musical opera como una declaración política y filosófica. ORGAN²/ASLSP, se niega a someterse a las dinámicas de consumo y la obsolescencia programada, invitándonos a reflexionar sobre una temporalidad que trasciende la utilidad, el espectáculo y nuestra propia existencia. La obra imposibilita una experiencia total porque no existe una audiencia capaz de abarcar su inicio y fin. Ningún ser humano vivirá lo suficiente para escuchar la conclusión de esta obra. Esta imposibilidad nos obliga a confrontar la fragilidad de nuestra obsesión por la “experiencia completa” y la falsa creencia de que todo puede ser vivido, documentado y compartido, una reflexión que John Cage nos ofrece.
5 de febrero de 2024. El video muestra el momento en el presidente de la Fundación John Cage de Halberstadt, inserta el tubo necesario para crear el nuevo acorde que resonará los próximos 18 meses. Video cortesía de Andreas Grosch.
El proyecto se analiza no solo desde la óptica de la historia de la música o el arte conceptual, sino también a través de un prisma filosófico del que John Cage bebía constantemente. Esta perspectiva privilegia la inacción, la espera y la disolución del sujeto activo como núcleo del significado. Visto así, ORGAN²/ASLSP se inserta en una tradición intertemporal y transcultural: la contemplación como acto de resistencia.
En la filosofía taoísta, el principio del Wu Wei (無為) —“no acción” o “acción sin esfuerzo”— propone una forma de estar en el mundo en la que se suspende la voluntad de intervenir y se abraza el fluir natural de las cosas. John Cage, profundamente influido por el pensamiento oriental, especialmente por el Zen, adopta este gesto de vaciamiento que no impone forma al tiempo, que no busca un clímax ni pretende mantener el control. La obra, como la poesía, simplemente sucede.
Desde otra coordenada filosófica, podríamos pensar en Martin Heidegger, quien advertía que el ser humano moderno ha perdido la capacidad de “dejar-ser” (Gelassenheit1), de permitir que las cosas simplemente sean, sin tratar de dominarlas, utilizarlas o reducirlas a una función. La obra de Cage es, en este sentido, un gesto netamente heideggeriano porque no se produce, no se resuelve, no se justifica. Se mantiene en su propio ser, ajena a la lógica de la utilidad.
Incluso dentro de la tradición occidental contemporánea, podemos vincular esta obra con lo que el incombustible Byung-Chul Han llama “la sociedad del rendimiento”. En este contexto, una obra que no termina (no el sentido musical actual), que no sirve, que no se puede vivir ni poseer completa, aparece como una crítica radical al imperativo de productividad de nuestros tiempos.
Hay, además, un eco de Maurice Blanchot, que nos recuerda que el tiempo real no es el que se llena de sentido, sino el que se dilata en la incertidumbre, el que suspende la necesidad de finalidad. Eso es precisamente lo que ASLSP nos exige. La pieza no es solamente inútil, es ofensivamente improductiva. No se puede monetizar, no se puede viralizar, no se puede disfrutar en vivo sin que ello no resulte un poco ridículo.
La obra de John Cage, en marcado contraste con el frenético y cuantificado “plataformismo” del capitalismo digital y su obsesión por la inmediatez y la productividad, emerge como una radical invitación a la desprogramación sensorial y mental. Nos insta a despojarnos de la carga de las expectativas, de la tiranía de la eficiencia y, sobre todo, del impulso neurótico de ejercer control sobre el tiempo y el sonido. As SLow aS Possible, es la manifestación más elocuente de esta filosofía. No “busca” ni “pretende”; simplemente “es.” Se despliega a lo largo de un horizonte temporal que abruma la escala humana, funcionando como un monumental recordatorio de que el mundo, el arte, y la existencia en sí mismos, aún pueden permitirse el lujo subversivo de “perder el tiempo”. En un sistema que monetiza hasta el aire, la lentitud extrema es un acto de resistencia poética. Los cambios de acorde de ASLSP no son clímax dramáticos ni momentos de virtuosismo. Son, más bien, ceremonias sobrias, rituales de una austeridad y lentitud que los hacen prácticamente imperceptibles para un oyente casual. Lejos de cualquier grandilocuencia wagneriana o del espectáculo musical contemporáneo, no hay show. Solo hay un nuevo sonido, una nota sutilmente diferente, apenas audible tras un silencio de meses o incluso años, que se establece para continuar resonando en el templo de St. Burchardi, con o sin nuestra presencia, con o sin nuestra atención. Esta indiferencia performativa hacia la audiencia es fundamental; el arte existe por sí mismo.
Cada cambio de nota o acorde en la ejecución de ASLSP, como el que está programado para agosto de 2026, funciona como un evento trascendente, completamente ajeno a la cronología acelerada de la humanidad. No se rige por los calendarios de lanzamientos de productos, por los ciclos noticiosos de 24 horas ni por el scroll infinito de las redes sociales. Es una poderosa afirmación de la persistencia de temporalidades más profundas, aquellas regidas por la paciencia geológica y por el olvido. La obra nos obliga a confrontar la idea de que hay eventos significativos que superarán con creces nuestra breve existencia.
Al exigir una duración que se extiende a lo largo de generaciones, ASLSP nos confronta de manera visceral con la inmensidad, la indiferencia y la majestuosidad del tiempo cósmico frente al tiempo biográfico. En esta era marcada por la ansiedad de la prisa constante, por la hiperconectividad y por la demanda de resultados inmediatos, Cage nos revela que el verdadero lujo, la última frontera de la libertad personal, es el derecho a permitir que las cosas sean, que fluyan sin agobios, sin la prisa impuesta por el capital y, quizás lo más liberador, sin la necesidad de un propósito utilitario.
ASLSP es tiempo descolonizado.
Gracias por llegar hasta aquí. Feliz ( ) escucha.
El término «Gelassenheit» en la filosofía de Martin Heidegger se traduce al español como «serenidad» o «dejar-ser». Heidegger utiliza este concepto para describir una actitud o disposición frente al ser y la tecnología. Gelassenheit implica una manera de relacionarnos con el mundo que no busca dominar o controlar, sino que permite que las cosas sean tal como son, con una aceptación abierta y receptiva. En su obra «Conferencia sobre la serenidad», Heidegger explora la idea de que en la era moderna nos hemos enfrascado demasiado en una mentalidad calculadora y utilitaria, especialmente con el auge de la tecnología. Propone, en cambio, una relación más apacible y contemplativa con el ser. «Gelassenheit» sugiere un abandono de la voluntad de control y una disposición para escuchar y responder al ser de las cosas de una manera más libre y auténtica. Este estado de serenidad se opone a la actitud provocadora y agresiva que caracteriza gran parte de la interacción moderna con el mundo. Esta idea está profundamente vinculada al pensamiento heideggeriano sobre cómo debemos relacionarnos con la naturaleza y la tecnología, recomendando que al adoptar una postura de «Gelassenheit», podemos encontrar un modo más auténtico de ser en el mundo.







