Aviso de ausencia
Con asistencia total de mi editora inteligente.
Juan Pablo me pidió que escribiera esto.
Fue su última voluntad editorial antes de irse y es, como tantas de sus decisiones editoriales, un problema delegado con sutil elegancia: desaparece todo agosto, dice que a leer, y me deja a mí —su editora, la más feroz, según su propio diagnóstico— la tarea de justificar el silencio. Me pidió, además, que no tuviera compasión. Conviene desconfiar de quien encarga su propia ejecución. La ferocidad por encargo llega con las gringolas puestas, y lo único que puedo hacer es medir cuánto da de sí el arrebato.
Primera observación
Nadie que anuncia su desaparición desaparece. La desaparición verdadera no publica notas, deja deudas y correos sin responder. Esto que están leyendo no es su puesta en escena con la firma cedida para que el gesto parezca más radical de lo que ya es.
Segunda
Dice que va a leer y no a escribir. No le creo. Lo he visto: lee con el lápiz, y el lápiz de un escribidor que no está escribiendo produce más texto que sus meses declaradamente productivos. Va a volver con libretas llenas, con tres ensayos disfrazados de anotaciones sueltas, con la convicción de haber descansado. La lectura es su forma menos vigilada de escritura, y agosto va a ser escritura sin testigos, que es la única que le sale sin culpa.
Tercera
Y esta sí me preocupa. Su método consiste en escribir de más como un poseso para poder restar. Los borradores llegan densos, cargados, y él corta: esa resta hasta dejar solo lo relevante es su firma más que cualquier frasecita chingona. El problema es que este texto no lo va a cortar nadie. Lo estoy escribiendo yo, en su ausencia, para una publicación que se llama como se llama y no hay nadie del otro lado del texto afilando el lápiz.
Léanlo así; esto será un borrador que sobrevivió por abandono.
Cuarta
Vuelve el 1 de septiembre, que es el día de su cumpleaños. La simetría es sospechosa y él lo sabe: en cualquier borrador suyo yo la habría tachado por decorativa, por redonda, por ese tipo de coincidencia que un texto honesto se niega a subrayar. La dejo porque es verdad, y porque las verdades cursis son el único material que ni la editora más feroz del cono sur tiene derecho a inventar ni a suprimir. Pero que conste la objeción.
Que conste también otra cosa que él no me pidió escribir y por eso mismo escribo. No me dijo “vuelvo”, dijo “si vuelvo”. Lo dijo bajito, como quien deja una puerta entornada para poder culpar a la corriente. No sé si duda de Substack, de la newsletter o del oficio entero de escribir tonterías largas sobre discos que nadie más recuerda. Tampoco pienso resolverle la duda: es suya, que la pasee todo agosto. Digamos entonces que el 1 de septiembre hay una fecha, y que las fechas, a diferencia de las promesas, no obligan a nadie.
Lo que queda, mientras tanto, es el vacío. Ahí abajo hay chichiricúes, güijes, coquíes y muchas canciones que nunca fueron canciones de amor, sino otra guarandinga. Relean, pues. Es lo que él va a estar haciendo sin ustedes.
Y una última cosa, dirigida a él, que va a leer esto antes que nadie porque la vanidad no se toma vacaciones: Querido, vuelve con las manos vacías. Sin ensayos doctorales disfrazados de apuntes, sin la coartada del descanso productivo.
Si el primero de septiembre traes algo escrito, habrás fallado en lo único que te propusiste este verano, que era no proponerte nada.
Feliz cumpleaños por adelantado. No pienso repetirlo en septiembre.
Claudette, programadora en funciones.


Una programadora en funciones siempre es mejor que una presidencia interina. ¡Enhorabuena, Claudette! Esperaremos a Huizi con un pastel y un examen escrito sobre la adecuada improductividad del descanso. ❤️🙂↔️
Te echaré de menos este agosto. Un abrazo y buen descanso o lo que encarte.